Luang Prabang, el tesoro de Laos que conquista al turista

Publicado el 8 de octubre de 2018

Luang Prabang es la naturaleza salvaje resumida en cuatro brochazos de color: el verde intenso de su vegetación, un ocre sucio que tiñe el Mekong cuando cruza la ciudad en su máximo esplendor, el turquesa de las espectaculares cascadas de Kuang Si y el gris ‘de Payne’, que mezclado con azul ultramar marca el contorno de las montañas en el horizonte.

La humedad del ambiente se pega al papel del cuaderno, ayudando a que los colores se mezclen entre ellos creando texturas únicas. Dentro de la ciudad, el dorado de los templos lo eclipsa todo. Con un pincel de punta fina se trazan las tallas de sus paredes, mientras que el rotulador blanco ilumina los perfiles. Así luce la joya de Laos.

Cuando todavía se pueden aprovechar los últimos rayos de sol para captar la belleza de Luang Prabang en el cuaderno de viaje arrancan de fondo las oraciones en los monasterios budistas, que se distribuyen a lo largo de la calle principal de la ciudad. En torno a las 17.30 los monjes empiezan a avanzar en fila hacia los templos, arrastrando sus túnicas naranjas y creando un ambiente mágico.

Los turistas también pueden participar de este momento. Siempre mostrando respeto se les permite acercarse hasta la puerta de los templos, descalzarse y participar en la ceremonia. Una experiencia mucho más auténtica a la tradicional entrega de alimentos que realizan los turistas a los propios monjes por la mañana (y que nosotros tratamos de evitar).

LA RUTA DEL MEKONG

Otra manera de disfrutar del atardecer es junto al río Mekong, que se tiñe de un naranja intenso cuando el sol se esconde tras las montañas. Una de las mejores vistas es desde lo alto del monte Pousi Hill, con el río serpenteando hasta perderse en el horizonte. También se puede alquilar una barca para disfrutar de ese momento sobre sus aguas calmadas.

En esta ciudad del norte de Laos el tiempo parece detenerse por momentos. La que fuera capital del país, la ‘Tierra del millón de elefantes’, se ha convertido en un oasis en medio del sudeste asiático. Un lugar en el que descansar rodeado de naturaleza, con buenos alojamientos e increíbles restaurantes: una visita al ‘Manda de Laos’, donde cenar en una mesa rodeada de un estanque de nenúfares, debería ser obligatoria.

Aquí las mañanas son tranquilas, la ciudad despierta por la tarde y cada noche se llena de vida. El mercadillo, situado entre sus preciosas calles de edificios coloniales, es el mejor lugar para buscar un buen souvenir, probar la comida callejera o pedir un zumo de frutas gigantesco por 10.000 kips (un euro al cambio). La jornada debe acabar junto a una cerveza Beerlao, símbolo de Laos.

LAS CASCADAS KUANG SI

Pero si hay una excursión que deja con la boca abierta es la de las cascadas Kuang Si y sus increíbles aguas de color turquesa. En cualquier local turístico de la ciudad puedes comprar el ticket para una de las furgonetas que por 45.000 kips (unos 4 euros) te lleva hasta esta joya natural, donde puedes disfrutar tres o cuatro horas antes de volver a Luang Prabang.

Este lugar (en el que se cobra una entrada de 2 euros) cuenta con cascadas de diferentes niveles rodeadas de naturaleza y el turista corre el riesgo de quedarse fascinado por la primera y pasar allí toda la mañana. Nosotros recomendamos ir directamente hasta la última y después elegir el lugar donde quieres bañarte.

Dentro de la propia ciudad hay otras joyas imprescindibles. La principal atracción turística es Wat Xiengthong, el complejo de templos más grande de la ciudad, construido en 1560. Las paredes doradas del templo principal y la decoración a base de cristales de colores de otros edificios del recinto crean una atmósfera única.

LA AMENAZA O LA SALVACIÓN DEL TURISMO CHINO

Este enclave paradisíaco podría tener sus días contados su finalmente el turismo masivo procedente de China se hace con el control del lugar. China y Laos alcanzaron un acuerdo en 2017 para conectar el gigante asiático con las principales ciudades de este país a través de un tren de alta velocidad.

Esto podría suponer un gran impulso para el turismo y, como consecuencia, un despegue económico para la región. Sin embargo, Luang Prabang dejaría de ser esa joya oculta que atrae a tanta gente que busca para aquí unos días de relax, desconectando del mundo y conectando con la naturaleza.

Está previsto que las obras de esta línea de tren concluyan en 2021 y veremos entonces cómo queda la situación. Mientras tanto, os animamos a hacer la maleta y poner rumbo a este espectacular destino. En esta página encontraréis toda la ayuda que necesitáis.

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