El encanto oculto de Amarapura, una de las joyas de Myanmar

Publicado el 18 de junio de 2018

Amarapura son los trazos de sepia que plasman en el cuaderno de viaje cada una de las planchas de madera que dan forma al puente de teca más largo del mundo. Los enormes pilares surgen a brochazos de las aguas mansas del lago Taungthaman, obligando a afinar la técnica para dibujar sobre el papel sus reflejos en los días soleados.

U Bein es el símbolo de esta pequeña ciudad, situada a las afueras de Mandalay, que abre su paleta de colores cuando uno sale de las zonas más turísticas y se pierde por sus callejuelas. Los templos budistas sorprenden con sus paredes rasgadas en tonos turquesa y estupas doradas, mientras que en los viejos talleres de seda las tintas gotean de las madejas colgadas del techo. Allí los alquimistas del color mezclan cuidadosamente los pigmentos de Myanmar.

El puente de U Bein impresiona a primera vista con sus 1,3 kilómetros de largo, que se pueden recorrer gratis de extremo a extremo o contemplar desde su base, ya sea en barca o a pie en las temporadas secas. El atardecer es espectacular, aunque lo compartirás con cientos de turistas que llegan en autobuses hasta el lugar a partir de las 18.00 horas.

Sin embargo, para los viajeros más exigentes el puente queda eclipsado por el color de las telas y pagodas de Amarapura. Si dispones de tiempo y quieres disfrutar de la cara más auténtica de este lugar… ¡toma nota!

LA AMARAPURA MENOS TURÍSTICA

Para llegar hasta Amarapura la opción más económica es bajar hasta la calle 84, la ‘Gran Vía’ de Mandalay, y subirse en una de las camionetas que van en esa dirección. Lo mejor es hacerlo en una que esté llena para no tener que esperar más tiempo. Te cobrarán entre 500 a 1000 kyats por persona (de 30 a 60 céntimos de euro).

En el camino que va desde la parada de la furgoneta al puente de U Bein te irás tropezando con la Amarapura más auténtica. Lo más característico son sus talleres de seda, donde se tiñen y se cosen las telas que después se venden por todo el país. Un regalo para los amantes de la fotografía.

Hombres con el pecho descubierto y los brazos marcados por la tinta escurren telas en multitud de colores, con la luz filtrándose por el techo de estas fábricas precarias montadas en los patios de sus propias viviendas. La imagen del agua hirviendo en las calderas, el humo saliendo de ellas y las madejas kilométricas secándose en lo alto, es de película.

TEMPLOS EN TONOS PASTEL

El mapa que llevamos descargado en el móvil ubica estos pequeños templos en las calles aledañas al puente de U Bein, pero ni siquiera los identifica con un nombre. Aunque se encuentran a pocos metros de la famosa pasarela de madera pasan desapercibidos para la mayoría de los turistas.

Cada tarde los monjes más jóvenes aprovechan sus paredes descorchadas y sus puertas de vivos colores para montar un campo de futbol improvisado. Se arremangan las túnicas y empiezan a patear al balón hasta que se oculta el último rayo de sol del día.

Esos colores turquesas, dorados y rojos, así como de su estado de medio abandono (invadidos en algunas zonas por la naturaleza), dotan a estos templos de un encanto único.

EXPLORANDO LOS ALREDEDORES DE MANDALAY

El tour clásico por los alrededores de Mandalay incluye otros tres lugares: Mingun, Sagaing e Inwa. Pese a que Amarapura sigue siendo el plato fuerte en los tours organizados, el resto merecen mucho la pena.

Cruzando el río Irrawaddy desde Mandalay nos encontramos con la impresionante Mingun, donde se encuentra la pagoda de Hsinbyume, famosa por sus paredes blancas y formas onduladas, que llevan a algunos a bautizarla como ‘la comtessa’. Una preciosa construcción llena de estupas, escaleras y pasadizos en la que cualquier toque de color (que generalmente ponen los monjes con sus túnicas) crea una imagen irrepetible.

Sagaing, por su parte, nos recordó a un Bagan moderno por las vistas que ofrece desde lo alto de la colina, con decenas de templos de cúpulas doradas sobresaliendo entre la vegetación. Las mejores vistas se disfrutan desde el ‘Templo de los mil budas’, que cuenta además con una sala espectacular esculpida en la montaña llena de estatuas de buda y espejos.

En esta ruta no puede faltar Inwa, donde los templos de la antigua ciudad amurallada se pierden entre enormes plantaciones tropicales. El recorrido se puede hacer a pie o en carros tirados por caballos y la parada obligada es el monasterio de piedra de Maha Aungmye Bonzan, que se encuentra ‘escondido’ tras una imponente estupa de cal blanca.

Sin duda, Myanmar es un destino por explorar y los alrededores de Mandalay son una de sus joyas mejor conservadas. Si estáis deseando poner rumbo a este magnífico país aquí podéis encontrar las mejores ofertas.

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