Postal desde Zanzíbar: buscando el turquesa perfecto en las cálidas aguas del océano Índico

Publicado el 12 de marzo de 2019

No todos los viajes dejan huellas y esta postal llena de color llega de un lugar que nunca hemos visitado. Zanzíbar es uno de nuestros destinos soñados y deslizando el pincel buscamos el turquesa perfecto en las cálidas aguas del océano Índico. Una fascinante aventura que nace en un papel antes de que pisemos sus playas de arena blanca por primera vez.

Julio Verne tampoco había montado nunca en globo cuando hizo que los protagonistas de su célebre libro ‘Cinco semanas en globo’ -comandados por el doctor Samuel Fergusson- despegaran desde esta pequeña isla, situada a apenas 34 kilómetros de la costa de Tanzania, para recorrer África en una de estas aeronaves, bautizada como ‘Victoria’.

Otros grandes aventureros europeos del siglo XIX, como los famosos Standley y Livingstone, también eligieron esta paradisíaca isla como punto de partida de sus expediciones hacia el centro de África. No nos cabe duda de que Zanzíbar es el sitio adecuado para emprender una gran aventura y empezamos a visualizarla con estos primeros trazos, que recogen algunas de sus referencias culturales, sociales e históricas.

Zanzíbar Viajeros con B

PLAYAS PARADISIACAS Y SAFARIS POR LA JUNGLA

Puestos a sacar el máximo partido a la paleta de color, al tiempo que desconectamos del mundo, nos dejamos caer por la playa de Kendwa, en el noroeste de la isla. Aquí alternamos el verde las palmeras con la inmensa variedad de tonos azules del mar, que se tiñe de un rojo intenso al atardecer cuando el sol se esconde sobre la línea del horizonte, reduciendo las embarcaciones pesqueras a simples siluetas.

Postal desde Zanzíbar: buscando el turquesa perfecto en las cálidas aguas del océano Índico

También podemos mojar los pies en la turística Nungwi (en la zona norte) o en la tranquila Bwenjuu (al este) antes de embarcarnos en uno de los tradicionales barcos a vela -dhows- para disfrutar de la mítica excusión ‘Blue Safari’ desde la playa de Fumba. Un crucero con parada en varias islas paradisiacas donde hacer ‘snorkel’ en aguas llenas de arrecifes de coral rodeados de cientos de peces de colores.

Pero no podemos olvidarnos del interior de la isla. La Reserva Natural de Jozani se ha convertido en una de las atracciones turísticas más importantes de la isla. Este es el refugio de los monos colobos rojos (‘Piliocolobus kirkii’ para los entendidos), una especie en peligro de extinción que se deja ver aquí en libertad. Un bosque de más de más de 2.500 hectáreas para plasmar en el cuaderno de viaje la belleza de sus reservas de manglares.

UN REFERENTE MULTICULTURAL

Zanzíbar es un crisol de culturas, con una fascinante historia que se ha nutrido de culturas como la persa, árabe, portuguesa, británica o africana, entre otras. El barrio antiguo de su capital, Stone Town, es el claro ejemplo de esta influencia multicultural, con su laberinto de callejuelas, las puertas de madera talladas, su catedral anglicana, hermosas mezquitas, el antiguo fuerte y el color de sus caóticos mercados.

Postal desde Zanzíbar: buscando el turquesa perfecto en las cálidas aguas del océano Índico

El centro histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, al considerar que se trataba de uno de los lugares más importantes de la cultura swahili. Se da la curiosa coincidencia de que fue aquí donde nació en 1946 (bautizado con el nombre de Farrokh Bomi Buksara) Freddie Mercury, el vocalista del célebre grupo Queen, que se ha convertido en un icono mundial. Su casa natal es uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad.

Y puestos a hablar de curiosidades: Zanzíbar fue el primer territorio africano en introducir la televisión a color. Su gente, acostumbrada a estar rodeados de tonos tan intensos a diario, no podía ver el mundo en blanco y negro -aunque fuese a través de una pantalla-.

La historia de Zanzíbar también cuenta con un lado oscuro, al convertirse en uno de los epicentros del comercio de esclavos entre África y Europa entre los siglos XVII y XIX, sirviendo como isla puente de abastecimiento para estas largas y crueles travesías.

Una isla llena de historia y cultura que soñamos con explorar, al igual que hiciesen Standley, Livingstone o el doctor Samuel Fergusson en su día. Imaginamos las notas de sus diarios de viaje y fantaseamos con enviar esta postal de Zanzíbar llena de color a nuestro yo del futuro, que esperamos siga ansioso de nuevas aventuras.

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