Publicado el 14 de diciembre de 2018

-Si os hiciera un Top 10 de los mejores desayunos que he probado en mi vida, los primeros puestos estarían, sin duda, en Sudáfrica. No sé si es la comida más importante del día, pero desde luego allí era una de las más especiales. Daba igual que estuvieras en una gran ciudad, en la carretera o en la sabana: sabías que no iba a decepcionar.

A ver ─dijo, volviendo de sus ensoñaciones y dirigiéndose a los niños─ decidme posibles desayunos.

Los pequeños no se lo tuvieron que pensar mucho. Aunque les gustaba el desayuno, para ellos era un rápido trámite antes de ir al colegio.

─ ¡Cola Cao y galletas!

─ ¡Zumo de naranja!

─ ¡Leche con cereales!

─ ¡Tostadas con mantequilla!

─ ¡Y con mermelada!

El padre sonrió, sin sorpresa en su rostro.

-Pues ahora imaginad que, además de zumo de naranja, tenéis otros tres sabores de zumo para probar. Todos naturales. Imaginad que las tostadas, además de mantequilla y mermelada, pueden llevar distintos tipos de queso. Y bacon. Y aguacate. Y salmón. Y embutido. Y salchichas.

Y huevos. Los huevos merecen un punto aparte: ¿1 o 2? ¿Frito, en tortilla, revuelto o escalfado? Por supuesto, con un poquito de pan para mojar…

Imaginad que, en vez de leche, es un yogurt natural. Y que puedes ponerle los mejores cereales que hayáis probado nunca. Y fruta. Muchos tipos de fruta. Y acompañarlo de un croissant recién hecho.

Imaginad que queréis repetir. Sin problema. La mesa del buffet está disponible para que hagas tantos viajes como quieras. Yo nunca la vi vacía.

Pero además de la comida en sí, lo especial del desayuno es el tiempo que te tomas para él. En general, en Sudáfrica se toman las cosas con mucha (mucha) calma. Y el desayuno no era una excepción: tenías que asumir que, desde que pidieras hasta que todo llegara, pasaría bastante tiempo.

─ ¡Entonces llegarías tarde al trabajo todos los días! ─ Interrumpió Bea. Ella sabía de lo que hablaba: normalmente salía de casa con un par de galletas en la mano porque no le daba tiempo a comérselo todo.

-Sí y no─ contestó el padre─ Allí también les gusta levantarse antes, aunque esa es otra historia. Estos desayunos no los tomaba todos los días, sino cuando realmente tenía el tiempo de hacerlo.

Te voy a contar el plan perfecto para disfrutar de este desayuno:

Despiertas en domingo ─ni muy pronto, ni muy tarde─ y quedas con tus amigos. Decidís el sitio donde desayunar ─mi favorito siempre fue el hotel Mannabay─ y vais allí sin ninguna prisa. Mientras lo preparan, disfrutas de los olores que van saliendo de la cocina, de las otras personas que van entrando y saliendo del restaurante, del sol que brilla fuera. Y poco a poco vas planeando tu día.

Cuando la comida llega, toca una decisión difícil: atacar desde el principio o esperar para hacerle una foto.

Yo, debo confesar que solía hacer la foto. Después era hora de disfrutar de la comida, ajustar el plan para el día y arrancar.

¿A qué ahora los desayunos no os parecen tan malos?

 

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